Naturaleza cíclica

Impresiones sobre una epifanía de andar por casa

Foto de Jake Hills

Quizá estés pensando , «Oh no, de nuevo una entrada más sobre la regla, eso que a la mayoría, no todas, de las personas con ovarios entre los 12 y los 60 años de edad les acaece con mayor o menor regularidad y cuyo efecto temporal es similar al de alimentar a un gremlin después de la medianoche»

Tienes en parte razón: es el tipo de ciclicidad que mejor conozco de manera directa desde hace décadas y que poco a poco está entrando en otra fase.

¿Por qué considero que es un tema a tratar?

Porque es una fuente inagotable de aprendizaje y consciencia sobre el propio cuerpo, sus límites y posibilidades.

Porque en mi la mayor parte de mi vida no me he dejado ser cíclica por asimilar este devenir natural con una falta de fortaleza de carácter y, por ende, de escasa coherencia e integridad. Vamos, que había hecho mío el lema misógino, aunque musicalmente bello y pegadizo, de «La Donna e mobile».

La menarquia fue un momento duro ya que marcó para mi la certeza de que no era un chico, de que ya no podría jugar fútbol en el cole con mi compañeros, ni tanto al tenis como mi hermano y mejorarle, porque cuando llegaba el momento del sangrado todo me dolía, me pesaba y el mundo alrededor encontraba justificación en la REGLA. Sobre la nomenclatura y la parte buena de mi menarquia, que la hubo y muy grande, hablaré en otro momento. Aquí quiero recalcar, con música dramática y emoción, que en nuestra sociedad actual la menarquia es un rito de paso que pasa desapercibido, que nos lanza a una vida en la que el placer es aun más peligroso porque sobre él se columpia la concepción no deseada, el ostracismo que esto implica, ah, y a una ciclicidad que intentamos esconder como si se tratara de un defecto.

¿Qué ha cambiado en mi?

Por el momento, y a estas alturas de mi película vital, he tomado consciencia de la sabiduría que cada una de las fases alberga. No me explico cómo he podido negarme durante tanto tiempo que mi energía, fuerza y motivación fluctuaban a lo largo del mes, de las estaciones. No sé qué mentira me he repetido tantas veces que he terminado por creer que solo si rindo de manera lineal ascendente soy persona aceptable. Además, como no me he permitido abrazarme en mi devenir, tampoco he aceptado el de las otras personas: O coherencia precisa o «me lío, huyo». Todo en el nombre de un mal entendido equilibrio y rectitud de espíritu.

Bees do it

Y esto no va de «cosas de mujeres», sino de la humanidad: ¿Por qué nos empeñamos en creer que somos Terminator? Descansar; dejar pasar cuando no podemos más para recuperar cuando sí podemos; desenfurruñarnos y dejar que los demás se enfurruñen.

Solo cuando he sido consciente de lo que me cuesta volver a recuperarme cuando me he pasado gastando mis reservas en pos de un modelo de producción apisonadora (y auto impuesto muchas veces creyendo que la superadaptación a las expectativas me llevará al cielo del orden capitalista) , me lo tomo todo con mucha tranquilidad porque por fin me he dado cuenta de que no soy terminator, nunca quise serlo y que prefiero identificarme como ser voluble por versátil y en flow (que se lleva mucho también).

¿Cómo vives tú tu ciclicidad?

Foto de Didssph

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