Juntos y revueltos

Manojo de zanahorias

Acabo de terminar » Reinventar el amor» de Mona Chollet, y lo tengo casi todo subrayado…. es un sí continuo el leerlo: el reconocerme en tantos delos párrafos y saber que somos muchas sintiéndonos así. No me ha tranquilizado, sino reforzado en mis posturas (tanto erótico festivas como intelectuales). Con esta entrada empiezo una serie de reflexiones animadas por la lectura de Mona Chollet.

Las relaciones románticas heterosexuales, en mi caso, están siendo un espacio en el que me conozco de manera diferente a otros espacios que comparto. Me relaciono en otros ámbitos (familia, amistad, trabajo, vecindario) de manera similar a cómo lo hago con mi pareja, si bien el impacto de lo que hacemos, decimos, me hacen, me dicen es muy diferente cuando lo vivo en pareja.

Y ya que lo vivo de manera tan intensa cuando ocurre en pareja, tiendo a cerrarme, creando un personaje para no mostrar mis sentimientos y emociones. 

De ahí que haya estado muchas veces junta, arrejuntada y todas las combinaciones, y haciendo caso al refrán, con distancias: juntos pero no revueltos. Ahora es cuando reivindico para mi misma el estar juntos y revueltos, que no haya tantas áreas neutrales. Es un ejercicio de coraje para mi porque significa estar presente, atenta, visible y vulnerable, ser torpe a veces (muchas) y asustarme con la virulencia de mis emociones cuando las dejo fluir: Ya no puedo contar a nadie el rollo de que soy una chica dura, o sencilla a la que todo le va bien. NO, no todo me va bien y yo misma me había creído este cuento.  

Me está costando mostarme porque ni yo misma me aceptaba cómo yo era.  

Pedía a mis parejas que me vieran y me escucharan de manera profunda, pero ni yo misma me estaba dando ni esa escucha ni esa mirada libre de juicios.

Tengo la sensación de que no se trata de hacer para acceder al santo grial del amor propio, solo. Siento que es pararse, ralentizar todo, no huir con la eterna actividad frenética, escuchar qué nos decimos a nosotras mismas, a nosotros mismos. Es empezar a intimar con nuestra propia persona y toda su idiosincrasia (manías, rarezas, alegrías, frustraciones, heridas). Y de esa intimidad radical y feroz con nuestra persona fluye aprecio, amor, entendimiento, que compartiremos si nos apetece. 

Si yo no sé ni qué me gusta ni qué quiero, ¿cómo puedo esperarlo del exterior? Incluso en el sexo, por mucho que aprenda la técnica del salto del tigre y de la espiritualidad divina, si yo no me siento a misma, estaré repitiendo lo que me ha llevado a encerrarme en mi actitud de reina del hielo de novia a la carrera: Fórmulas superficiales de entretenimiento para paralizar lo que realmente sentimos. 

De ahí que aquí no encuentres listas de posturas ni los cinco trucos para llegar al orgasmo. Y te puedo recomendar muchas páginas y especialistas en ello, muy buenos. 

Aquí, como decían en la serie Fame en mi infancia, estás para sudar y llegar a la gloria, que está dentro de ti, debajo de todas esas capas de miedos, odios y personajes escudo. 

Aquí, y en la pareja, trío o multitud amorosa estamos para la entrega. Lo otro es un pasatiempo majete, intercambiable, prescindible sobre todo para las personas socializadas como mujeres: Nos duele más todo porque no entendemos nada de este sistema que sustenta los privilegios de unos pocos a fuerza de someter al resto con pistas erráticas a modo de migas de pan en el bosque de Hansel y Gretel.  

Esta historia continuará……

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